miércoles, 22 de agosto de 2012

Sighișoara

Siendo en alemán, Schäßburg (dada la alta presencia germana en la región), Sighișoara es una de las joyas de la corona en Transylvania junto a Brașov, Sibiu y Cluj-Napoca.


Uno de los atractivos de la ciudad es su ciudadela (declarada Patrimonio de la Humanidad en 1999 por la UNESCO) que vigila inexpugnable y conserva prácticamente íntegra su formología medieval. Y si además observamos que se encuentra entre los maravillosos gigantes de los Cárpatos, Sighișoara se presenta como uno de los mejores destinos de Transilvania y Rumanía.

Mapa de Sighișoara que reproduce la ciudad antigua

Maqueta de la ciudad

Sighișoara dio un toque especial a mi estancia rumana, allí celebré mis 26 añitos junto a Ernesto, Lidio, Azzurra y Danilo. Una de esas experiencias que se marcan a fuego en tu vida por siempre. Era la primera vez que la pisaba y eran las 12 de la noche cuando llegamos, justo a tiempo. Las luces dibujaban desde lo lejos la ciudad, hacían más espectaculares las formas de la ciudadela en lo alto. Todo vacío, sin un alma por la calle. Sólo la luz de pequeñas farolas acompañaban nuestros pasos buscando un lugar donde dormir, pero todo estaba cerrado, la ciudadela no es muy grande y después de buscar pudimos encontrar un hostal en aquella noche de mayo que nos daba la bienvenida. Todo eran hoteles y tiendas de artesanía o de productos de recuerdos, ningún bar por lo que era normal que apenas hubiera movimiento a esas horas en la ciudadela.

A la mañana siguiente todo era bullicio, color, ruído de cafeteras, terrazas llenas de gente, turistas atados a sus guías, olor a comida, a vida. 


Puesto de recuerdos







He de confesar que a la luz del día Sighișoara fue uno de los lugares más impresionantes donde he estado, pero una vez más era una ciudad más volcada al turismo, como un decorado. Me llevé una grata impresión de la gran conservación del centro histórico, de sus calles empedradas llenas de casas decoradas con múltiples colores.

La visité una segunda vez, a la semana siguiente (finales de mayo) junto a mi familia y quedaron atrapados en ella. Enamora Sighișoara.

Conserva la estética de una cuidad sajona (tradición germana), con sus tejados rojos. Dos puertas guardan la entrada, una a oriente y otra a poniente y no se permite el acceso a los coches. Uno de los atractivos es la Torre del Reloj (Turnul cu Ceas) de 64 metros, y del silgo XIV, de altura protege la puerta este de la cuidadela. Acoge en su interior un museo de ciencia e historia, a parte de disfrutar desde lo alto de las mejores vistas. A cada hora en punto retumba el carrillón mecánico y siete figuras de roble desfilan alrdedor del reloj (representan a los dioses míticos que dan nombre a los días de la semana: Marte. Mercurio, etc., y cada uno con un símbolo alquímico sobre la cabeza).



En la plaza de la torre del Reloj (Piata Muzeului) se halla el restaurante "Casa Vlad Dracul", donde se cree que nació Vlad Tepes (Drácula) -han montado un circo notable en torno a esta figura legendaria-; y una imponente iglesia evangélica espectacular (de origen perteneciente a un monasterio dominico).


 
 
Recomiendo rodear la torre del reloj donde encontraréis bastiones de la muralla en buen estado y caminar por sus callejuelas: una auténtica delicia. Llegaréis, no sin mucha dificultad, a la última parte (y diría que espectacular) de la ciudadela, la colina superior (el punto más alto de Sighișoara, sudaréis bien hasta llegar arriba. Tomároslo con paciencia). 


Para subir, deberéis hacerlo por la Escalera de los Estudiantes (Scara şcolarilor), una escalera cubierta de madera que data de mediados del siglo XVII, construída para los estudiantes que asistían a la escuela alemana situada colina arriba. Arriba, en la colina, nos espera la iglesia más bonita de la ciudad.

"Biserica din Deal" (Iglesia del Cerro o de San Nicolás, su santo). Fue Escuela de Bellas Artes de Bucarest. Impresionante el fresco del Juicio Final que se conserva en el muro oriental del muro de la nave norte (atribuído a un artista tirolés) y diversas tallas centroeuropeas del siglo XIII, además del retablo del hijo del famoso escultor alemán Veit Stoss, Johannes.

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