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lunes, 27 de agosto de 2012

Pasaje cubierto Macca-Vilacrosse

Es uno de esos mágicos rincones de Bucarest. En su pleno corazón urbano, en Lipscani.


Aún conserva el aire de aquel siglo XIX, cuando Bucarest tomó el nombre de la "Petit Paris", la Pequeña París, que era como se conocía a la capital rumana a inicios del siglo XX, y que conserva la arquitectura tomada de la capital francesa. Nada más entrar en este acogedor pasaje tu mirada se detiene en todo detalle y asciende hasta la cubierta quedando atrapado, como si viajara hacia años atrás. Macca y Vilacrosse son dos pequeñas calles (o mejor dicho, pasajes) que cruzan un edificio y une Calea Victoriei con Lipscani y Eugen Carada y se encuentran bajo una imponente y espectacular cubierta de hierro y vidrio de colores (ver imagen de arriba).


Aunque entre mi círculo de gente lo conocíamos como El Valle de los Reyes (Valea Regilor), uno de los bares (egipcio, lógicamente) que había en uno de los pasajes. Y es que mayormente en estos pasajes se concentran bares y restaurantes orientales donde poder fumar una pipa, beber geniales tés, además de resturantes chinos, franceses y rumanos.

El pasaje fue construido en 1891 y fue diseñado por Félix Xenopol en forma de "U". La primera se llama Pasajul Vilacrosse en honor al arquitecto catalán Xavier Vilacrosse, que se asentó en Bucarest y fue el arquitecto principal de la ciudad entre 1840-1850. Durante la época comunista se llamó el Pasaje de la Joyería, dada que en éste se encontraban gran numero de joyerías. En 1990 volvió a tomar el anterior nombre.

Os he subido unas fotos que he cogido del interesante blog rumano"http://www.miscellanea.ro" dado que he perdido las fotos que yo hice y éstas son mejores.


 
 
 
 

Aunque en las fotos no aparecen, durante todos los días los pasajes estaban llenos de terrazas que apenas te permitían el paso, y es uno de los lugares más animados para salir a tomar algo, reunirse con amigos, disfrutar de buena música oriental incluso "blues".

jueves, 22 de marzo de 2012

Cărtureşti

En pleno corazón de Bucarest, aunque de manera tímida, o quizás camuflada por los árboles que ocultan su fachada, nos espera uno de tantos rincones que no deberías perderte de la capital: la librería y cafetería Cărtureşti.


¿Que necesitas un respiro del ritmo de vida de la capital? ¿buscas un lugar en el centro donde poder leer mientras te tomas un café o un té? Seguramente sea uno de los lugares con más variedad de libros en cuanto a temática y ejemplares tanto en rumano, inglés y algún que otro idioma (aunque no pidamos peras al olmo, como se dice en mi tierra). A parte de librería, es papelería en la segunda planta y tanto en la primera como en la planta subterránea puedes disfrutar de cafeterías para renirte con tus amigos o aprovechar para leer tranquilamente.




Sobre todo, la cafetería que tienes en el piso inferior, llamado Café Verona (por el pintor Arthur Verona, que da nombre a la otra calle por la que puedes entrar al edificio), es un lugar que se aprovecha también para hacer exposiciones, sobre todo pude ver de fotografía durante mi estancia rumana, por lo que tenemos un lugar idóneo en búsqueda de cultura.




Personalmente, aviso, de que los precios de libros, discos, y otros artículos son muy altos. Aún así es uno de los punto de reunión, sobre todo a partir de mayo con las buenas temperaturas, de la gente dado que la parte posterior del edificio acoge un enorme patio con jardín y terraza. De lo mejorcito para refrescarse.


No tiene pérdida, pues da la cara hacia una de las venas de la ciudad: Bulevardul General Gheorghe Magheru. La calle que la corta es Arthur Verona. Justo enfrente del Cine Patria (Cinema Patria).


Escultura gigante "El Arca de Noé" frente a la fachada de Cărtureşti


Desde el punto de vista histórico, no podía acabar esta entrada sin habla de ello, mantiene intacta la estructura de la casa original, propia del siglo XIX, cuando el dueño (uno de los intelectuales más destacados del momento en Bucarest) decidió donarla a su muerte con el fin de que sirviera como cobijo de cultura. Y hasta ahora.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Hanul Manuc

Cualquiera que visite Bucarest no debería irse sin visitar la Posada de Manuc. Seguramente uno de los lugares menos visitados, de los que menos se habla y de los que cuando uno lo visita se queda enganchado. Más aun es para extrañarse cuando este lugar está en el centro exacto de la ciudad: Piata Unirii.


Entrada a "Hanul Manuc", opuesta a Piata Unirii

La imagen de arriba es la fachada de entrada a la histórica Posada. Desde que llegue a la capital rumana pasaba a menudo por ella para visitarla pero siempre estaba cerrada, incluso el aspecto exterior es de total abandono del monumento. Lo descubrí en una guía turística de Rumania que una amiga me regalo antes de ir allí, (se llama Lorena, un recuerdo muy cariñoso para ella), y la guía se informaba de que estaba en obras y que se alargarían hasta 2009. "Las cosas de palacio van despacio", pensé.

En junio, paseaba con José por la fachada de Hanul Manuc que da a Piata Unirii, y uno de los restaurantes que se encuentran dentro del complejo se llama como el monumento y decidimos entrar, seguramente podríamos ver el famoso patio que aparecía en todas las guías turísticas de esta centenaria posada. Cuando pasamos a una de las terrazas que recorren los laterales del patio interno de la Posada de Manuc. Durante todo el tiempo que estuvimos tomando un café (por cierto, un tanto caro tomarse algo en este lugar) no pude quitarle el ojo a toda aquella maravilla que tenía ante mí. Un lugar inmenso, casi paradisíaco, de total silencio, color y tranquilidad en el corazón de una capital como es Bucarest. La imagen interna del patio choca con la sobriedad del exterior, como si de una fortaleza se tratase.

La imagen fue:

Patio interno de la Posada


Su fundador, Manuc Bei -un comerciante de origen armenio- (Manuc Mârzaian), nació en 1769 en Rusciuc. En la época del sultán Mustafá IV. En 1806, Manuc llega a la capital de Valaquia y se ve obligado a establecerse aquí a largo plazo debido a suntos relacionados con la guerra ruso-turca. En la segunda que mitad del mismo año inicia construcción de la Posada, que se terminará en 1808. En el momento, su arquitectura fue innovadora.


Hanul Manuc en 1841. Dibujo de M. Bouquet


No se conoce la arquitectura de la Posada en su proyecto inicial, pero las descripciones de principios del siglo XIX muestran que hubo 15 en las bodegas en el sótano, en la planta baja atornillada hubo 23 tiendas grandes, dos salones, diez almacenes, salas de servidores, cocinas y un túnel. El piso superior tiene 107 habitaciones, usadas principalmente para invitados. En el patio hay una cafetería y un pequeño jardín con fuente. La fachada que da al río Dâmboviţa se construye con una piedra clave, de más de un metro de grosor (como si hablaramos de una fortaleza).

El hermoso patio fue construido para albergar las cientas de caravanas de carros que atravesaban Europa. Patio interior dominado por arcos y columnas de madera dando un aspecto un tanto oriental.


La suerte de la Posada tras de la muerte de Manuc queda marcada por el cambio que hace Manuc de Bucarest con su familia a Hînceşti después del final de la guerra ruso-turca. Por un extraño accidente Manuc muere y debido a que todos sus hijos eran menores de edad en el momento, la riqueza es administrada por un administrativo.

Es aquí donde, apresuradamente, se firmó el Tratado en 1812 (con la mediación del propietario de la Posada, Manuc) por el cual los otomanos dieron a Rusia la mitad del Principado de Moldavia.


Foto en "Hanul Manuc" junto a Ana, Valentina y Carlos


Imagen sacada de la página "Bucuresti Optimist"

Fantástica fotografía de 1850

martes, 18 de octubre de 2011

1974 y los ke se van del bolo

Lo recuerdo bien, fue una noche lluviosa y aquella calle de Lipscani estaba en obras y era una locura caminar por ella.

-"O entramos en este bar o nos come el barro" (creo que antes de terminar la frase estábamos abriendo la puerta).
-"Entramos, entramos".

Esta es la entrada del bar, la foto no es mía ya que quien la ha hecho ha puesto una
"marca de agua" de la web a la que pertenece. Es un secreto...

Era pequeño, con dos plantas y con lugares para reunirse y charlar, si el volúmen de la música te dejaba, claro. Creo que los camareros no pillaron la táctica de que si quieres que la gente se vaya y cerrar el bar es mejor apagar la música e ir apagando la luz poco a poco, no subirla y menos aún con música de los Sex Pistols, The Clash, etc. Para algunos estos grupos, bien es cierto, que son perfectos para salir corriendo pero no para los que estábamos allí en ese momento.

Sí, era uno de los pocos bares con música punk, surf, rockabilly, rock, etc., que puedes encontrarte en Bucarest, con pegatinas de contenido crítico-social, alguna "A" de Anarquía, carteles de conciertos, etc. Y era el lugar donde encontrarte a gente de estética punk, muy poco común en Bucarest. Otro lugar genial de este estilo era el "Underworld" en donde en la planta inferior hacían conciertos de rock, hardcore, rock con influencias de la música gitana, conciertos folk, etc.

Creo recordar que lo conocí en mayo y rara era la semana que no pisábamos aquel garito.

Foto de Danilo y de mí desde la parte superior

Dije más arriba que en este bar había muchos carteles de conciertos y si te gusta investigar en los sitios nuevos a los que vas puedes encontrarte cositas como ésta:

Sí amigas y amigos, lo véis bien: Don Manolo Kabezabolo

Claudia, una compañera de la universidad y buen amiga, me envió estas fotos. Un cielo de chica.

Claudia señalando el cartel

Punk's not dead.